
¿Qué hace una mansión italiana en el corazón de Miami? El enigma de Vizcaya
Cuando uno contempla Vizcaya por primera vez, la pregunta surge casi de inmediato: ¿qué hace una mansión de inspiración italiana junto a la bahía de Biscayne, en Miami? La respuesta no está solamente en su arquitectura. Está en una historia de viajes por Europa, coleccionismo, diseño, ambición y en la decisión de un hombre de construir, en el sur de Florida, una residencia que evocara las grandes villas europeas.
A comienzos del siglo XX, Miami todavía era una ciudad joven y en pleno desarrollo. En 1912, James Deering adquirió una extensa propiedad frente a la bahía, formada por zonas de costa, hamaca y pineland. Deering quería construir allí una residencia para pasar los inviernos, pero no se limitó a levantar una casa convencional. Para desarrollar el proyecto contó con Paul Chalfin, diseñador y conocedor del arte y la arquitectura europeos, formado en Harvard y en la École des Beaux-Arts de París. Juntos comenzaron a imaginar algo mucho más ambicioso.
Y aquí aparece uno de los detalles más interesantes de la historia. Al principio, la arquitectura española parecía una elección lógica. Florida tenía una fuerte herencia española y las referencias mediterráneas encajaban con el lugar. Sin embargo, durante sus viajes por Europa, Deering y Chalfin quedaron especialmente impresionados por las villas del Véneto, en el norte de Italia. Poco a poco, el proyecto tomó otro rumbo. Vizcaya no terminaría siendo una reproducción de una villa italiana, sino una interpretación ecléctica de las villas europeas, especialmente las del Véneto, adaptada al paisaje y al clima de Miami.
Chalfin tuvo un papel fundamental en esa transformación. Deering le confió buena parte de la dirección artística y decorativa del proyecto, y Chalfin comenzó a adquirir muebles, obras de arte, elementos arquitectónicos y objetos para crear los interiores de la futura residencia. De hecho, gran parte de la colección de Vizcaya fue adquirida en Italia entre 1912 y 1914, cuando la propiedad todavía estaba siendo planificada. La casa comenzó a diseñarse alrededor de muchas de esas piezas. En Vizcaya, la decoración no fue simplemente algo que se añadió después de construir el edificio: los objetos, los muebles y los elementos arquitectónicos ayudaron a determinar cómo serían los espacios.
Pero Deering no trabajó solamente con Chalfin. El arquitecto F. Burrall Hoffman Jr., formado también en la École des Beaux-Arts, estuvo a cargo de la arquitectura de la Casa Principal. Y para los jardines apareció otra figura fundamental: Diego Suárez, un paisajista nacido en Bogotá y formado en Florencia. Suárez llegó al proyecto después de que Chalfin y Deering conocieran los jardines italianos que estaban estudiando para Vizcaya. Su primera idea estaba inspirada en los jardines formales italianos, pero cuando llegó a Miami comprendió que no podía simplemente copiar un jardín europeo.
El clima y el paisaje de Miami obligaron a modificar el concepto. Suárez adaptó las ideas italianas al entorno subtropical y creó uno de los elementos más característicos de Vizcaya: el gran montículo de los jardines, utilizado como punto focal y acompañado por líneas de perspectiva, setos y espacios cuidadosamente organizados. Es precisamente en los jardines donde se puede apreciar con mayor claridad que Vizcaya no fue una simple copia de Europa, sino una reinterpretación de esas tradiciones para un lugar completamente diferente.
La construcción de la Casa Principal comenzó en 1914 y James Deering pasó allí su primera Navidad el 25 de diciembre de 1916. El resultado parecía mucho más antiguo de lo que realmente era: una residencia diseñada para evocar siglos de arquitectura europea, llena de muebles y objetos históricos, pero situada frente a una bahía tropical. Los jardines y otras partes del complejo continuarían desarrollándose después de la llegada de Deering.
Y quizás ahí está el verdadero enigma de Vizcaya. No se trata simplemente de explicar por qué una mansión italiana terminó en Miami. La historia es más interesante: un industrialista estadounidense, un diseñador fascinado por Italia, un arquitecto formado en París y un paisajista formado en Florencia tomaron ideas de Europa y las transformaron para crear algo que no existía allí antes. Vizcaya nació de Europa, pero terminó siendo profundamente miamense.
Por eso, cuando hoy caminamos por sus salones y jardines, no estamos viendo simplemente una villa italiana trasladada a Florida. Estamos viendo el resultado de una enorme operación de imaginación: tomar siglos de arquitectura, arte y jardinería europea y reinventarlos frente a la bahía de Biscayne. Esa es la verdadera historia de Vizcaya.