¿Una villa italiana en el trópico? El fascinante misterio detrás de la creación de Vizcaya

A comienzos del siglo XX, Miami todavía era una ciudad joven y en pleno desarrollo, muy distinta de la metrópolis que conocemos hoy. Frente a Biscayne Bay, en medio de un paisaje subtropical, James Deering decidió construir una residencia de invierno que sería mucho más que una simple casa. Quería rodearse de arte, arquitectura, antigüedades y jardines que evocaran la Europa que tanto admiraba. El resultado terminaría siendo Vizcaya, una propiedad que, todavía hoy, puede hacer pensar al visitante que ha abandonado Miami y ha aparecido de repente en algún rincón de Italia.

Deering tenía el dinero y la visión para emprender un proyecto de semejante magnitud, pero necesitaba a alguien capaz de transformar sus ideas en una experiencia coherente. Ese hombre fue Paul Chalfin, artista, diseñador y estudioso del arte europeo. Chalfin había estudiado en Harvard, se había formado como pintor y había estudiado en la École des Beaux-Arts de París. También había trabajado como curador de arte asiático en el Museum of Fine Arts de Boston. Cuando comenzó a colaborar con Deering, su función fue mucho más importante que la de un simple decorador: se convirtió en el director artístico del proyecto.

La relación entre ambos fue fundamental para lo que vendría después. Deering era un apasionado del arte y de la cultura europea, mientras que Chalfin poseía un conocimiento extraordinario de la arquitectura, la decoración y las tradiciones artísticas del Viejo Mundo. Juntos emprendieron un viaje por Europa para buscar inspiración para la futura residencia. Visitaron edificios históricos, villas, jardines y colecciones de arte, y durante ese recorrido el proyecto comenzó a tomar una dirección que cambiaría para siempre su aspecto.

La arquitectura española parecía, en principio, una elección natural. Florida tenía una profunda herencia española y una residencia inspirada en España habría encajado perfectamente con la historia de la región. Sin embargo, durante el viaje, Deering y Chalfin quedaron particularmente impresionados por las villas del Véneto, en el norte de Italia. Allí encontraron muchas de las características que buscaban: grandes espacios, jardines cuidadosamente diseñados, arte, antigüedades y una relación extraordinaria entre la arquitectura y el paisaje. La inspiración italiana terminó ocupando un lugar central en el proyecto.

Pero Vizcaya no sería una copia de una villa italiana trasladada a Florida. El diseño tomó elementos de diferentes tradiciones europeas y los reinterpretó para un entorno completamente distinto. Las villas del Véneto fueron especialmente importantes, y entre las referencias asociadas al proyecto se encuentra la Villa Rezzonico, en Bassano del Grappa. La arquitectura incorporó influencias del Renacimiento y del Barroco, mientras que otros detalles evocaban tradiciones españolas y mediterráneas. Incluso los jardines fueron concebidos como una parte esencial de la experiencia, no simplemente como un espacio alrededor de la casa.

Y aquí está una de las claves para comprender Vizcaya: todo aquello tuvo que ser adaptado a Miami. La residencia combinaba las tradiciones arquitectónicas europeas con las condiciones del paisaje subtropical de Florida. No se trataba solamente de reproducir edificios históricos, sino de crear una propiedad que funcionara en un lugar completamente diferente. Europa proporcionaba la inspiración; Miami proporcionaba el escenario.

La construcción de la residencia comenzó en 1913 y el proyecto involucró a un equipo mucho más amplio que Deering y Chalfin. El arquitecto F. Burrall Hoffman Jr. participó en el diseño de la casa, mientras que el diseñador de jardines Diego Suárez desempeñó un papel fundamental en la creación del paisaje. Chalfin dirigía la visión artística y Deering era el propietario e impulsor del proyecto. La casa principal fue desarrollándose durante los años siguientes y Deering comenzó a ocuparla a finales de 1916.

Por eso resulta demasiado sencillo decir que Vizcaya fue simplemente la obra de un hombre que quería una villa italiana. Fue el resultado de una colaboración y de un largo proceso de búsqueda, estudio y adaptación. Sabemos que Deering y Chalfin viajaron juntos por Europa y que las villas del Véneto ejercieron una influencia importante, pero no podemos reducir todo el cambio de estilo a un único momento en el que uno convenció al otro. La evidencia apunta más bien a una visión que fue evolucionando mientras ambos exploraban Europa.

Y quizás ahí está la verdadera fascinación de Vizcaya. James Deering quería una residencia de invierno; Paul Chalfin quería convertirla en una experiencia artística; Hoffman llevó muchas de esas ideas a la arquitectura y Suárez hizo que los jardines fueran parte fundamental del conjunto. El resultado fue una propiedad que parece europea, pero que pertenece profundamente a Miami: una interpretación del Viejo Mundo construida frente a Biscayne Bay, bajo el sol del trópico.

Vizcaya no es simplemente una villa italiana en Miami. Es el lugar donde Europa, el arte, la arquitectura y el paisaje de Florida fueron mezclados para crear algo que no existía antes. Y quizá por eso, más de un siglo después, cuando uno contempla sus jardines y su fachada de piedra, la pregunta sigue siendo fascinante: ¿cómo terminó una visión de Europa convirtiéndose en uno de los lugares más singulares de Miami?